Carrito

Calambur Editorial

Sinopsis

Cestos de lilas es la propuesta poética de Elizabet Fabregas, en la que recorre su infancia, su pasado y su presente.

La escritura ha sido siempre una segunda parte de mi yo herido, un desentierro de palabras. Para mí escribir es superar, transformar, ordenar y resignificar los períodos de mi vida. La propuesta que contiene Cestos de lilas se divide en dos secciones: en la primera, describo mi infancia, la construcción del yo, el hogar, la familia, el pasado y el presente.
Las flores y la naturaleza han sido muy importantes en mi vida, así que desde ese punto la integro como una parte vital en mi cuerpo, me obsesiona la sensación que se produce en él, también capturo el retrato de lo cotidiano. En la segunda hablo a una otredad, hay un cuerpo que se erotiza, que se enamora. Después llega el desamor y con un él una esperanza.

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Nuestra reseña

La primera vez que leí a Elisabet fue en agosto de 2020. Participó en la iniciativa de @mujeresenlaola en Instagram creada para dar voz a mujeres escritoras de habla hispana. De entre todos los poemas que recibí esa semana decidí publicar el suyo, titulado "Estás del otro lado". Os cuento esto porque el otro día leyendo su poemario fue precisamente uno de los poemas que subrayé, así que es casi como si lo hubiera seleccionado dos veces. Recuerdo pensar "esto ya lo he leído antes" y descubro que fue en Mujeres en LA OLA conforme escribo esto.

"Cesto de lilas" me ha gustado mucho. Creo que principalmente porque se aleja bastante de una poesía actual visceral y cargada de retórica. Elisabet ha escrito un poemario, ante todo, basado en la belleza del lenguaje, las imágenes y la forma.

El poemario se divide en dos partes que, si bien no se marcan explícitamente, se ven bastante claras en la lectura. La primera releja la vida de la autora, su infancia, la familia, el hogar. La segunda va un paso más allá y nos presenta un cuerpo que siente, que se erotiza y que se (des)enamora.
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Su poesía me recuerda a una tendencia lírica plagada de imágenes de la naturaleza. Elisabet utiliza las flores para vestir su poemario y lo hace de forma que no resulta metafórico e impostado sino natural y sencillo.
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"busco en tus senos / magnolias frescas / que acunen / tu gesto inmanente". Otra imagen recurrente en el imaginario de muchas mujeres se plasma aquí de forma sutil: "Todo lo que permanece / es una historia de resistencias / una mancha roja / que se desprende / del rugido de la tierra / la esencia / que lo salpica todo".
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En la segunda parte tengo que recalcar este verso que se ha atravesado en mi mente: "Amarse no es un destino pasajero / es la salvación de las palabras". Si bien es cierto que esta parte me ha interesado menos (mera preferencia personal) creo que la autora marca un camino que parece sencillo pero que lleva detrás un gran trabajo e, intuyo, muchas lecturas.
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Os recomiendo leerlo y hacerlo despacio, disfrutar del traslado de cada poema, dejarse mecer en las ramas.

Podéis encontrar el libro a través de la editorial o en librerías (para ello os dejo la web de Todos tus libros para facilitar la búsqueda).

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Entrevista a la autora

La autora

Elisabet Fabregas

Educadora Infantil con Máster en Educación Montessori y educación Holística.
Actualmente cursando el grado universitario en Humanidades en la UOC.
Publicó ‘Diario de Costa Rica y otros paisajes’ (Autopublicación, 2019) y ‘Cestos de lilas’ (Ed. Calambur, 2020).
Integra la Antología ‘Diarios de encierro’ (Índigo Editoras, 2020).
En 2020 fue galardonada con el premio en el 39è Certamen literario de mujeres de fomento, con su ensayo sobre la situación de la mujer en el campo de refugiados de Moria.
Próximamente publicará con la Editorial Espelma Edicions un libro de cuentos infantiles que pretende rescatar la singularidad (flora y fauna) y la tradición de la isla de Eivissa.

¿Qué época de tu vida abarca el poemario? ¿Por qué decidiste contarla de una forma poética?

Escribí “Cestos de lilas” en el transcurso de los tres años que viví en la isla de Eivissa rodeada de naturaleza. Anteriormente había vivido unos cuatro años acompañada de mi ex pareja que decidió volver a su país de origen, Uruguay. Después de la ruptura, sentí la necesidad de volver a reconectar conmigo misma, de reencontrar pasiones, retomar lo que me pertenecía. Una de esas cosas fue la poesía, que me acompaña desde pequeña, cuando mi madre me leía Walt Withman en la cama. Es a través de la poesía que llego a visualizar la forma de la herida que no puedo sentir en la piel, pero que pegada al cuerpo se sumerge en capas más profundas. La poesía se expande en el lugar que toca la palabra para ser dicha, se posa allí dónde al borde de desaparecer, comienza y enlaza la historia que permite vernos desde una nueva perspectiva y desasirnos de todo aquello que ya no pertenece.

Hacia el final del libro tu voz cobra un tono más erótico, ¿es ahí hacia donde evoluciona tu escritura?

La voz poética que encontraréis en “Cestos de lilas” no pretende romantizar, pero si llegar a ser parte de la naturaleza, a ser parte vivida. Entregando así un amor incondicional hacia ella. Hay un  cuerpo que se erotiza y es a través de ella que puedo volver a sentir el reconocimiento de la propia identidad, la voz propia. Hay también un nacimiento dentro de la pérdida, que se refugia en el primer capítulo en el vientre de madre y que poco a poco va construyendo un paisaje que se diluye entre el dolor y la experiencia de otros/as cuerpos atravesando el mío.

¿”Cestos de lilas” es, en definitiva, un alegato al amor?

Es un alegato de amor hacia una misma, un despertar que pretende acercar la luz hacia un lugar más fértil, como es la tierra, como son los árboles, como son las flores y sus abejas, como es el mar que se muestra inmenso y mutable ante nuestros ojos.

Tu escritura es sencilla pero cargada de significados e imágenes de naturaleza, ¿Quiénes dirías que han sido tus referentes en este estilo?

Efectivamente es un poemario repleto de imágenes y metáforas. Necesitaba llevar a mi vida la lentitud del paisaje y la simpleza de la palabra. “Cestos de lilas” es pues un anhelo, un canto a todas las cosas que no fui capaz de retener y que debían como un río seguir su cauce. Y es a través de la escritura que podemos transformar y resignificar. Llevar al texto poético la emoción perdida. El amor que parece tan lejano, que parece imposible, se torna tangible y en su forma acariciamos el dolor, podemos hablarle. Aquello que necesitamos es una forma de poder envolvente que aprieta el centro para que toda la materia se pose en el papel, así el poema funciona como un mapa, se despliega en silencio, nos muestra un camino. Me acompañé de las lecturas de escritoras como Gioconda Belli su libro de poesía “el ojo de la mujer”, Delmira Agustini “Los cálices vacíos”, Alfonsina Storni “Poesía completa” Anaïs Nin “Diarios amorosos” y Clarice Lispector. Me siento identificada con la poética de Delmira Agustini, ha sido importante en mi proceso escritural, Delmira exalta amor y sexualidad, imágenes cargadas de metáforas y naturaleza, utilizaba el erotismo para llenar el vacío de la imposibilidad. Ella utilizaba las imágenes para objetivar sensaciones y estas convivían en contraposición. He indagado en la escritura cotidiana de Concha García, mujer a la que admiró, profundizado en la poética de Alejandra Pizarnik, así como Idea Vilariño, Cristina Peri Rossi y Siri Hustvedt.

¿Qué libro nos recomendarías?

Estoy leyendo “Mi patria era una semilla de manzana” de Herta Müller una novela autobiográfica donde la autora que descendiente de Suabos emigrados a Rumanía, reflexiona sobre su infancia y juventud en un pueblo aislado de Rumanía, su padre fue miembro de las SS en la guerra y su madre vínculo que la autora describe; era un vínculo donde la ternura y las caricias no existían, ella se acostumbró al silencio y a los golpes, rodeada de una naturaleza que tampoco entendía como suya. Repasa su vida con una suerte de metáforas, su prosa llena de detalles deslumbra belleza y es aquí donde ella encuentra refugio, la guerra y la política tiñen el paisaje salpicado de melancolía. Nos cuenta la persecución que vivió por parte de los servicios secretos y su posterior exilio en Alemania. Recientemente terminé de leer la novela “Léxico familiar” de Natalia Ginzburg, una novela también autobiográfica en la que nos podemos sumergir en el seno de una familia Judía antifascista. Ginzburg describe detalladamente y con sentido del humor las peculiaridades de su familia, una novela costumbrista donde puedes adentrarte en su hogar, la autora guarda distancia respecto al texto, como si ella fuera una mera observadora de la historia, sucesivamente a través de los hechos que atraviesan su vida, va tejiendo para dar memoria.

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