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Valparaíso Ediciones

Sinopsis

Unas manos pueden acariciar, pueden aplaudir, unas manos pueden abrazar, trabajar, partir el pan. Unas manos pueden también pegar, arañar, estrangular, apuñalar, despellejar. Unas manos pueden dar y pueden quitar, unas manos se pueden equivocar, quitarte lo que te dieron, incluso, lo que nunca fue suyo y, algunas veces (pocas) devolverte lo quitado.

También pueden escribir. Y escribir algo tan terrible y bello como Las Manos de Sara Olivas. Una poeta que recoge el testigo de la mejor poesía confesional y la lleva hacia el común con la frialdad de un bisturí, la ligereza de una pluma y la gravedad de una lágrima. Una poeta que con su primer libro hace todo un ejercicio de exordio, de limpia familiar, que denuncia el maltrato heteropatriarcal desde la afectación y pone en cada verso el cuerpo, la carne, sus manos, estas manos que, como tú ahora, son capaces de sostener uno de los mejores libros que leerás en este año.

David Trashumante

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Nuestra reseña

Tengo que empezar siendo sincera: ya había leído a Sara. Su manuscrito estuvo entre las propuestas que llegan al correo de esta casa varios meses. Hace menos le comenté que había hecho un trabajo bello, su título se había quedado en mi memoria y creo que, siendo este el primer poemario que publica, nos encontramos con alguien que sabe muy bien lo que hace, en qué línea se mueve, qué quiere contar y cómo utilizar el lenguaje para hacerlo propio.

Una figura que encuentro frecuentemente entre autoras de esta poesía confesional es la de la tierra manchada de sangre, la "tierra manchada de mujeres". Entiendo que tras las experiencias compartidas, los espacios comunes y las violencias contra las mujeres, nos quedan algunas imágenes, algunas maneras de expresarnos que llevan al mismo camino. Me parece bonito.

Una de las cosas que más me han gustado de libro son los títulos. Creo que a través de ellos Sara construye su propia historia como si fuera un álbum familiar al que pasa las páginas con sus propias manos. Las manos, las manos de Sara, las manos de su madre, las manos de la abuela. Las manos. "Cuando Abuela quedó ciega / sus manos pasaron a sus ojos". ¿Es esta su herencia? ¿Son las manos que sostienen o estrangulan?

Una de las violencias que atraviesa todo el libro es la que convierte a la Madre en cuidadora de Padre. Como siempre la mujer que hereda una carga, que asume un peso que normaliza en el día a día. La que tiende la mano, que cambia el plato de la sopa. "Ya no está Abuela, / la que entregó la mano de Madre a Padre / para que Madre fuera madre de Padre".

Creo que mi poema favorito es el que os comparto en la foto de al lado, aunque otros versos que no puedo dejar de mostraros son:
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Abuela está enraizada a la cama / como si siempre hubiera sido así. / Observo la quietud desde lejos / para no invadir espacios que no me pertenecen.

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En todo el libro está presente que el papel de las mujeres es distinto al de los hombres. Ellas cuidan, ellas esperan, ellas obedecen, ellas están quietas.
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Sin duda el punto más doloroso para mí es la despedida a la Abuela, aquel poema que comienza diciendo "Te preguntarás quién ocupó tu lugar" y, cuatro versos después responde: "Nadie". Creo que Sara ha sabido dar a Abuela el espacio que merece en este poemario, que hace justicia a una generación que, a veces, lo llenó todo, que fue el espacio seguro de la infancia de muchas de sus nietas. Gracias porque esto me devolvió algo que necesitaba volver a sentir.
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Por último me parece importante señalar que este poemario no romantiza a la generación de mujeres que le precede. Que sabe ser crítica, que es capaz de analizar la dulzura y las violencias pero también de plantarse y decir: no quiero ser como Madre.
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El futuro de Sara es incierto pero lo que ha dejado en este libro es su herencia. ¿Os recomiendo leerla? Claro que sí. Y seguidla, que es un terremoto y no para. He disfrutado de "Las manos". Gracias a Sara y a Valparaíso por hacérmelo llegar. Mis mejores deseos, te va a ir genial.

Podéis encontrar el libro a través de la editorial o en librerías (para ello os dejo la web de Todos tus libros para facilitar la búsqueda).

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Entrevista a la autora

La autora

Sara Olivas

Sara Olivas (Valencia, 1993) es periodista, gestora cultural y poeta. Desde pequeña sintió amor por las letras, lo que le hizo agarrar el lápiz con fuerza. Ha participado y gestionado eventos poéticos de Valencia como Versillos a la Mar, Versat i Fet, De andar por casa y A pies de página. Ganadora del Certamen de Relatos Beatriu Civera del Ayuntamiento de València (2020) y de la Segunda Edición del Certamen de Vídeopoemas Poemágenes (2019). "Las manos" es su primer poemario.

¿Qué ha heredado Sara de las mujeres de su familia?

Sara ha heredado ojos marrones y cansados. Caderas y tobillos anchos. Pechos grandes. Gordura. Precariedad laboral. Maltrato y violencia machista. Pero, al contrario que hizo su madre, Sara ha aprendido la palabra resiliencia, por eso se la tatuó en la piel, la palabra valentía, la palabra fortaleza, la palabra amistad y la palabra amor, sobre todo del propio. Se ha encargado de romper, o está en ello, con toda esa herencia para que no se convierta en legado de generaciones futuras.

¿Es este poemario un exorcismo familiar? ¿Encuentras la redención tras su escritura?

Totalmente. Es un poemario que ha nacido desde la necesidad, como siento que nacen los mejores poemas y textos. Un poemario que ha llegado en su momento justo y preciso. Ni antes ni después. Un poemario que me ha ayudado a soltar lastres y liberarme. Siempre he pensado que la poesía no es terapia, pero ayuda a expulsar fantasmas y demonios, sobre todo, para que no se enquisten. Aún así, he de confesar, que hay algunos poemas del libro que me ha costado mucho escribir, me han dolido como la aguja en la garganta, han provocado en mí sensaciones que creía dormidas, sobre todo, al releerlos o al recitarlos. Y lo más importante, creo que he superado el duelo de la muerte de mi abuela gracias a la escritura de este libro. Y eso sí que es redención. Eso sí que es liberador.

En tu libro el padre ejerce casi de Dios, ¿Qué penitencia le pondrías al daño?

Quizá, en otro momento de mi vida habría contestado cosas muy fuertes, las cuales caerían como una losa sobre mi persona, mi conciencia y mi estatus, si es que tengo de eso. Hoy, diría “no hay mayor desprecio que no hacer aprecio”. Siento mucha pena por mi padre. Siento que ha sido un niño maltratado también por su padre. Un niño no amado. Un niño herido. Un niño como lo he sido yo. La diferencia es que yo sé amar y perdonar y no tengo miedo de demostrarlo. Es difícil vivir una vida en la que nadie te quiere, ni tus amigos, ni tu mujer, ni tus hijas, nadie. Solo puedo sentir pena y tristeza por él. Ya pagó su penitencia con vivir de esta forma. Y sin odio ni rencor, yo vivo la mar de contenta y feliz.

El libro no ofrece un desenlace feliz o una resolución a las dinámicas problemáticas que trata, ¿Crees que es posible el cambio?

Totalmente. Es posible y diría que muy necesario para poder hacer frente al pasado, olvidar, perdonar y seguir viviendo. Gran parte de mi vida la dediqué a preguntarme por qué a mí, por qué yo, por qué me había tocado esta familia, por qué mi padre era mi padre, incluso por qué no se iba, no se moría. A los veinticinco años, noté un antes y un después en mi vida, gracias a la terapia psicológica, y comprendí que invertir tiempo en odiar a mi padre significaba perder tiempo en quererme y cuidarme a mí. He pasado del odio a la rabia, después a la pena y, finalmente, a la absoluta indiferencia. Un sentimiento bastante extraño, pero indoloro. En el libro, trato de buscarme a mí, de descubrir quién soy a través de las mujeres de mi familia, de la herencia que he recibido y con muchas preguntas. ¿Soy yo? En la última parte, afirmo con contundencia, soy yo. Soy Sara. Soy mujer. Soy persona. Soy poeta. Yo nunca he creído en los finales felices ni en la psicología positivista, sin embargo, a pesar de que ‘Las manos’ es un libro duro por las cosas que denuncio, es un libro con un final feliz. Un libro en el que habla una mujer con un pasado bastante duro, pero con un camino y un futuro por delante, y sobre todo, con ganas de saltar las piedras para construir su propia casa, tirar a la basura los roles heredados, el miedo. el abuso, el maltrato. Una mujer que, por fin, puede mirarse al espejo y reafirmarse, admirarse, sonreír y quererse por primera vez en su vida. Y también alejarse de quien no le quiere en la suya y quien solo le hizo sufrir, aunque sea su propia familia.

¿Qué libro nos recomendarías?

¿Solo uno? Últimamente me gusta reivindicar más a las poetas vivas que a las muertas para que se conozca su voz antes de volverse mito, y, sobre todo para que se compren muchos libros de ellas. Tengo poetas a las que le tengo un cariño personal muy grande y voy a mencionar a cuatro. La primera, Paca Aguirre, recomiendo toda su antología poética. Una voz muy personal, sentida, aparentemente sencilla, pero con versos afilados que llegan a la entraña y con una historia muy necesaria de contar y reivindicar. La segunda, Guadalupe Grande, su hija, recientemente fallecida, a la que tuve el lujo de conocer y quedarme prendada con su maestría, su palabra y verso tan preciso, su voz pausada y calmada y su inteligencia y cultura. La tercera, Bibiana Collado, poeta de mi tierra, que, en su último libro ha sorprendido de una manera bestial. Violencia editado por la Bella Varsovia es un libro muy necesario para reivindicar y denunciar no solo la violencia ejercida contra las mujeres, sino la violencia que se ejerce contra el propio lenguaje. La de veces que callamos por no herir. La de veces que no hemos podido hablar o no nos han dejado. Y por último, cualquier libro de Ana Pérez Cañamares, poeta a la que admiro y de la que he bebido mucho para inspirarme y encontrar mi voz. Creo que es una de las mejores poetas españolas actuales, con una voz potente, confesional, que habla desde el yo, pero se dirige a todas y que toca temas como el feminismo, la política, la precariedad o la maternidad. Las sumas y los restos y Querida hija imperfecta son mis poemarios favoritos de ella. Y haber contado con ella para escribir el prólogo creo que ha sido el mejor regalo que han podido hacerme.

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