Carrito

Autopublicación

Sinopsis

Cuando la poesía se condensa en la habitación, y el papel amarillo tapiz que recubre el hogar. Asomándose tras la persiana, irremediablemente; es el bosque, quién reúne pies con tierra y hojas estacionales para hacer del viaje y el confinamiento: la ocasión, el momento de escribir en diarios la voz que aqueja al cuerpo, y el enclaustre. El cuidado, y el afecto.

ediciones en el mar

Nuestra reseña

La escritura de Nicole es una escritura de la intimidad, de lo bajito, de los rincones y los espacios, de los dobleces en la piel, de los silencios agónicos, en definitiva, del hogar.
Comienza señalando la autora "He pensado en la noctambulancia del viento como ese tiempo reunido para indagar en los bosques de la memoria". La urgencia de la autora por guardar en estas páginas un período tan crítico en la vida de todas como abril de 2020 sólo se entiende como una forma de probar y sumergirse en el lenguaje.

Las cartas de Nicole son puras imágenes, palabras oníricas que no se leen, simplemente te mecen y arrastran a su antojo. Es un libro diferente y, creo, arriesgado. La escritura íntima parece a veces un género olvidado, relegado a un público reducido y, demasiado a menudo, maltratado. Como si fuera sencillo contar lo más cotidiano de una forma tan extraordinaria. Hacer de lo natural algo bello es una transformación que admiro y envidio.
Además, la naturalidad de Nicole hace que su uso recursivo de imágenes descriptivas no resulte empalagoso sino envolvente.

Confieso que algunas de las frases se han clavado en mi memoria y las he leído diez veces de seguido. Por ejemplo esta:
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"Quiero serme y saberme de la irradiación de tu oscuridad: En cenizas del antaño que vuelve cuando te dejo en espera y el presente acaba de ocurrir".
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"Cuando te dejo en espera y el presente acaba de ocurrir".
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Me pregunto qué sentiría la persona destinataria al leer a Nicole abrirse de esta forma. "Hay días en los que no escribo porque la piel se agota" y después se acurruca en el vientre.
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¿Acaso es la autora cualquier otra? ¿Es esta una carta universal? Creo que en cierto modo sí.
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En la imagen de la derecha os dejo una de mis partes favoritas del libro. Estoy segura de que de tener este libro en físico hubiera pintarrajeado mucho en los márgenes, y ya sabéis lo que eso significa.
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Como Nicole yo también "Huyo al mar y al lago para conocerme y escribir grietas.
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¿Os recomiendo leerla? Pues sí. Leedla y disfrutadla y luego releedla de nuevo.

Podéis encontrar el libro aquí.

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Entrevista a la autora

La autora

Nicole Scavino

Nicole Scavino: nació el 13 de julio de 1999 en Lima aunque vive al sur del mundo, en Chile; y en realidad, al ser nieta de migrantes no se siente parte de ningún lugar. Es un cuerpo nómade. Empedernida de la literatura intimista, la escritura desde el cuerpo y el activismo feminista; de género y disidencias. Cree fielmente en la reivindicación de autorAs latinoamericanas y españolas por eso creó revista Las Violetas: un sueño de infancia, un sueño colectivo. También lleva diarios de viaje, de vida y sueños. Tiene un blog desde setiembre de 2017, dónde escribe poesía trilingüe. Escribe desde los 8, gracias a Aurora –su abuela–, que la dejaba leer las tardes enteras para viajar alrededor de la palabra. Ha publicado en revistas/editoriales/fanzines virtuales y físicas como Ménades Editorial [ESP], Arrebol Poesía Fanzine [ESP], revista Kametsa, Chile Escribe, y su primera antología poética «Noctambulancia del viento». Ha sido comentada por Altavoz Cultural, revista española de difusión literaria y artística. Actualmente, estudia Periodismo, –a la vez, que es autodidacta–. Trabaja en proyectos sobre literatura, tejer redes de mujeres y disidencias. Así como un libro que piensa publicar algún día mientras toma mate.

Leerte ha sido una exposición de imágenes que alborotan los sentidos, casi una sinestesia. ¿Es esta mezcla intencionada en esta obra o tu escritura nace de esta simbiosis?

Existe una gran intención entre lo que siento y pienso; o busco transmitir. Me ocurre con la escritura algo como mente–cuerpo–lenguaje–comunicación. Es como sensorial e indescriptible; puedo palparlo o conocerme a través de lo que transporto en el papel. El papel escrito es mi emoción, y también mi dolor. En realidad, no hay tanta intención fija en escribir algo específico. Simplemente escribo lo que siento; lo que para mí es una especie de necesidad fisiológica. Escribir como hidratarse. Escribir como alimentarme. Escribir como respirar. Escribir como vivir. Para mí, la escritura es esto. Pueda que lo que escriba transporte un poco de lo que siento/soy (algo fuerte) suele ser, y obtenga esa percepción en les lectores. Hace unos días le dije a mi madre: «Si no escribo, me muero». Y créeme, que vive veracidad en esta afirmación.

Tu estilo es intimista, ¿Qué autoras han influido en él?
Mi abuela o «nonni». Mi abuela no era escritora, o mejor dicho: no se autodenominaba como tal. No obstante (de)formó mi creatividad, desmoldó mi mente, porque, en un mundo donde «lo socialmente hegemónico es considerado correcto y normal», puedo asumir el hecho de que ella a través de sus historias vividas (crónicas íntimas), a través de ella misma me hacía observar «bajo una perforación del mundo», algo distinto. Algo que podría tocar con mis manos, con mi cuerpo. Algo con lo que podría ser Yo misma, acercarme a mi cuerpo aunque doliera –y, a veces–: me apretara la mente y el vientre. Mi abuela fue la primera. Por supuesto. Yo empecé a escribir a los 8. No sabía que eso era la escritura ni que las mujeres antes no podían escribir. No sabía que escribir era un privilegio de género. Y no sabía cómo llamarlo hasta que me di cuenta que no todo mundo escribía. No de esta forma. Al principio, la literatura de las escuelas es hegemónica y aburrida. Absurda. Sobre todo: si eres una niña que busca universos y sentirte parte de una sociedad. El efecto que tuvo la discriminación de mi sexo por el hecho de ser sujeta–mujer, cuerpo–mujeres y ha sido fortísimo. De esta manera empírica, busco reivindicar escritoras mujeres de territorios desconocidos. Poco difundidos. Poco leídos. Siento, por ejemplo que me hallo en Pizarnik, De Souza, Ollé, Cornejo, Wills Montt, Dickinson, Lispector. Siento que me hallo a mi misma en cada escritora que leo sin siquiera haberla conocido personalmente. «Soy los restos de las autorAs que leo. Eso me salva».

¿”Noctambulancia del viento” es un diario-carta con destinatario/a?

El día que escribí «Noctambulancia del viento» sangraba y llovía demasiado. Vivo en un bosque al sur del mundo, es normal que llueva, truene o lo que sea de climas extremos–fríos. Sin embargo, me sentía muy íntima ese día. Como entorvada por un anuncio del cuerpo. Aquel día: no estaba sola. Pero imaginé las mujeres que pasaban esa situación solas, menstruando, apasionadas, en confinamiento, alejadas de sus madres y abuelas, mujeres migrantes que huyen. Mujeres con las que comparto algo o nada. Ese fue el motor–destino al que buscaba llegar. Quise hacer esto por mí y por quiénes, se identifiquen o a quién les haga sentir algo, las abracen. «Noctambulancia del viento» es un abrazo sororo. No contiene grandes ambiciones más que aquello. 
¿Pretende este libro ser un recuerdo? ¿Por qué decides atesorar en estas páginas abril de 2020? 
Dosmilveinte fue un año de cambios para mí y para muches. En el aspecto de la creatividad: supongo que, fue un año de mierda –y a la vez– un refugio o una muerte anunciada. Decido sintetizarme de esta forma (aunque pueda que suene pésimo), no obstante, pensé que me iba a morir. Sentía que todo era y es tan remoto como perder la vida en algo tan particular. Lo he pensado antes, en la muerte me refiero. Esto es netamente existencial. Todes nos lo preguntamos (pienso). «Noctambulancia del viento» más que un recuerdo es algo que leo, e inmediatamente sé cómo me sentía ese instante. Por otro lado –y esto tengo que decirlo– «Noctambulancia del viento» fue el nombre que le puse a mi diario del dosmilveinte, y pese a que terminó el enero del dosmilveintiuno. Decidí que para mí: dosmilveinte (emocionalmente) concluía en abril de ese año. Se podría decir entonces, que de alguna forma, buscaba que dosmilveinte no existiera. Hoy, pienso que continuamos en dosmilveinte. Aún busco desaparecerlo. El confinamiento, el toque de queda, la lejanía, la enfermedad y la muerte son una sutura abierta que nos nida por dentro. 

¿Qué libro nos recomendarías?

Encasillarme en una sola lectura es tan complicado como sobrecogedor. Aprehender un libro por la historia puede parecer fácil y lo es, más de lo que se repiense: seamos sinceras, hay libros que no importa cuántas veces lo releamos, continuará impactándonos. Nos va a carcomer la piel y el cuerpo más de una vez. Me pasa eso con «Descolonizar el lenguaje», de Patricia de Souza, o «El sueño de una lengua común», de Adrienne Rich, o «Poesía completa», de Anne Sexton. O cada vez que vuelvo a leer a Sylvia Plath y reconozco el mundo del cuerpo, el dolor, el dolor del sexo. Siento compartir muchas autorAs; no puedo evitarlo. Necesito reivindicar mujeres como si la vida me lleve/acabe en ello. Una recomendación que sí me parece urgente: reivindiquemos autorAs de nuestros territorios de origen o procedencia. (y esto es casi una súplica) Hagámoslo.

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