Carrito

Entre Ríos Ediciones

Sinopsis

Las cosas que vuelan son extrañas, raras, incomprensibles. Sea un pájaro o un avión: lo que despega del vuelo y se eleva resulta perturbador. Es en este punto donde la idea de vuelo se vincula con el concepto de libertad.
Desde este lugar no es complejo llegar a lo siguiente: quien busca la libertad está poniendo nervioso al resto.
En "Nordeste" hay alguien que busca un camino, un espacio para habitar. En este sentido es un libro que intenta delimitar un centro de acción en medio del caos que implica estar con vida en el planeta tierra, que por otra parte agoniza.

Walter Lezcano

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Nuestra reseña

"Nordeste" empieza con "alguien que busca un camino, un espacio para habitar".
Me resulta complicado explicar de qué trata este libro. Diría que del paso del tiempo, de lo que vuela y lo que se queda, de lo transitorio. La voz de la autora busca un resquicio de libertad, una ruptura con lo que ya existe. "La destrucción también es una forma de construir lo personal" (Walter Lezcano, 2020).

La autora utiliza la figura de un petirrojo para hablar de la necesidad más imperiosa en ella o quizá en nuestra generación: encontrar nuestro territorio, un refugio, eso que llamamos hogar. Esta metáfora se repite a lo largo del libro y encuentro en ella un ejercicio meritorio de síntesis de lo importante. Superficial en apariencia, si lo lees tres veces, si lo lees despacio, entiendes la fábula.

Hay algo que me ha sacado de la lectura en varias ocasiones. No creo que sea un fallo de la autora sino más bien una cuestión de mis propios gustos personales. En ocasiones he encontrado frases que me resultaban impostadas en el sentido de que creo que utiliza un lenguaje más enrevesado de lo que naturalmente saldría o de lo que me encaja con el resto del libro. A veces he leído libros que me han dado la sensación de que se pretendía un lenguaje más enrevesado o más artificioso para parecer más culto. No es el caso con este libro, creo que la autora se desenvuelve en un lenguaje propio y trabajado.

En un poema la autora dice sobre los múltiples nombres de un petirrojo: "Ninguno es apodo, todos son propios". En otro, unas páginas después, escribe: "Una lucha de iguales vuelta densa y pegajosa, si no eran más que apodos para la misma cosa".
Desconozco cuál era la intención de la autora antes esta distinción que se repite. En cualquier caso a mí me hizo reflexionar sobre aquello que nos pertenece. El nombre, la casa, los bandos que elegimos, ¿por qué uno u otro? ¿Qué es nuestro y qué nos ha sido dado?

Mientras escribo esto caigo en un ejemplo de aquellas frases que, aun gustándome, me han alejado de la lectura.
"La historia no ha conseguido entendernos,
algún día ha de cambiar el canon,
si las almas alejadas como estas
sólo albergan honestas intenciones".
Creo que acabo de entender que es el uso del adjetivo antes del nombre lo que me resulta más artificioso porque creo que de forma natural lo hubiéramos dicho al revés. Igualmente insisto, esto es sólo una preferencia personal que os quería explicar.
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Los versos "Anoche soñé que en vegetal mutaba y nutría mis carencias con la luz solar" me recordaron a "La vegetariana" de Han Kang, uno de esos libros que vive en mí. La imagen me parece preciosa y, como la autora, me pregunto con qué lleno mis carencias, si tal vez es todo un engaño, si dulcifico la vida a fin de que me parezca soportable. No lo sé.
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Lo que más me ha gustado del libro es que sabe dónde va a parar, hacia dónde quiere llegar, y creo que eso es fundamental en un poemario. Andrea intercala poemas en verso con prosa poética y divide el libro en varias etapas donde el crecimiento acompaña a la naturaleza. Envejecemos como el libro, como las hojas que se caen y como todo lo que consumimos y perece casi al instante. Quizá la revolución corpórea que ansía la autora empiece por la plena conciencia y si este libro ayuda a remover a alguien creo, habrá conseguido su propósito.

Podéis encontrar el libro a través de la editorial o en librerías (para ello os dejo la web de Todos tus libros para facilitar la búsqueda).

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Entrevista a la autora

La autora

Andrea Cernuda

Andrea Cernuda nació en Asturias en 1992. Estudió Ingeniería Química y actualmente trabaja en el sector industrial. Escribe poemas y relatos desde que era una niña. Comparte reseñas de sus lecturas en Montaña de libros (@montanadelibros en Instagram) y colabora en diversos medios digitales. Ha publicado poemas en distintas revistas.
"Nordeste" es su primer poemario.

¿Escribir este libro te ha dado mayor libertad?

El libro está conformado por retales de etapas y perspectivas muy distintas entre sí y por eso sigue una estructura que casi parece cronológica. En su momento cada uno de ellos supuso una vía de escape, ya fuese como entretenimiento, crítica o reflexión, así que, en ese sentido, diría que sí, aunque entonces no era muy consciente de ello.

¿Crees que la sensación que describe es propia de una generación perdida? 

No sé si es propia de toda una generación o simplemente mi manera de percibirlo, pero es cierto que hay un poco de eso. Diría que pertenezco a una generación desencantada, que se siente traicionada y que además ha empezado a cuestionar sus bases algo tarde porque entre tanta incertidumbre social y laboral se ha ido haciendo vieja.

¿Qué espacio habita Andrea?

Es una pregunta bastante complicada. Supongo que, como el de cualquiera, aspira a ser un refugio en el que sentirse en calma y poco más – al final es de lo que se trata, ¿no? -. Con la edad me he dado cuenta de que aprecio sobre todo, la honestidad, la sencillez y el cuestionamiento y también en base a eso elijo mis lecturas. Tiendo a vetar lo pretencioso y lo que no admite grises.

¿Qué significado tiene la naturaleza en tu obra?

Está presente por todas partes, del mismo modo en que lo está fuera de las letras; no es algo buscado a propósito. Creo que María Luque ha sabido plasmar muy bien esto en la portada incluyendo elementos de interior como una cama o un escritorio en un espacio salvaje y abierto.

¿Qué libro nos recomendarías?

Si tuviera que elegir un libro de poesía, me quedaría con Las moras agraces de Carmen Jodra Davó editado por La Bella Varsovia. Dentro de este poemario, los versos que conforman Época negra son de lo más oscuro y hermoso que he leído hasta ahora. Por otro lado, no puedo dejar de recomendar Las cárceles que elegimos, una colección de conferencias de Doris Lessing, una de las escritoras a las que más admiro, donde plantea cuestiones interesantísimas que tienen que ver con la sociología y el comportamiento de los individuos como parte de un colectivo.

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