Puntos calientes

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“Ítaca acaba de salir de rehabilitación y me han pedido, por favor, que no te pongas en contacto con ella”. Así recibe Candela la primera noticia acerca de Ítaca —su primer y turbulento amor de instituto—, tres años después que la internasen y ella decidiera mudarse a Bristol, Inglaterra. La culpa, el miedo y la nostalgia tambalean sus planes de futuro; volver a casa implica enfrentarse a Ítaca, al hermano que la abandonó y a las exigentes expectativas maternas. Además, en Bristol tiene una vida feliz junto a su única y mejor amiga Amy: ambas viven, estudian y trabajan juntas a tiempo parcial bailando en un club de striptease llamado The Hot Spot.
En un intento por aliviar su reavivada obsesión con Ítaca, comienza a escribirle cartas en su diario. Absorbida por el dinero rápido y su amistad con Amy, Candela comete los mismos errores de su adolescencia, idealizando a su mejor amiga y sometiéndose a los deseos de hombres caprichosos.

Puntos calientes es una novela que aborda el peso que las expectativas de los demás ponen en nosotras, una historia sobre el poder de perdonarse a una misma.

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Conoce a la autora

Marina Aparicio nació el mismo año que Google, lo cual explica su curiosidad por casi todo. Es graduada en Filmmaking por la University of the West of England, aunque pasó la mayor parte de su infancia y adolescencia estudiando para ser cirujana plástica. Ha escrito guiones, relatos cortos y muchos mensajes de texto, algunos con más éxito que otros. Sus aspiraciones en el futuro son escribir sin prisa, aprender a bailar hip hop y llegar a dirigir el musical de sus sueños algún día.

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El problema es que me da miedo la huella digital, que en unos años me dé por meterme a política, alguien descubra mi pasado de trabajadora sexual y sus prejuicios no me lo perdonen. Que me digan: Y si tan feminista eres, ¿por qué fomentaste la explotación de la mujer. Y si tan deconstruida, ¿por qué los diez mil euros en la depilación láser? No hay mejor arma del terror que la cultura de la cancelación. Se me pega la camiseta a la piel sin vello. Escribo sentada en una silla de cuero, desnuda, anticipo el dolor que me producirá despegar la piel del asiento.

He hecho un descanso, té de jazmín y tostadas con mermelada. Esta noche tengo turno en el club, así que he empezado a beber cafeína para aclimatar la mente. En lo que masticaba la pasta dulzona me he metido en los stories de Martina, ya sabes que nunca congeniamos, pero, como a muchos de mis contactos en Instagram, la sigo por compromiso. Tampoco quiero que piense que soy una borde. Cuando la trajiste al parque a la mayoría nos cayó mal; se notaba que no era de la zona, tenía alma de dóberman, perra peleona. Martina es del tipo de gente por la que poníamos una mochila en el asiento vacío del autobús para que no se sentase a nuestro lado. La nicotina le ha roto la voz, es una raxeta profesional, lo que mi madre llamaría una choni de barrio. Con mechas rubias como nosotras, pero teñidas con papel de aluminio en el baño de su casa. Perfume de vainilla del Mercadona, aros del Primark, las uñas pintadas con el esmalte que robaba en el H&M. Me caía mal porque, pese a ser votante de izquierdas, me han enseñado desde niña a rechazar lo hortera. A desdeñar los toldos verdes de las torres de viviendas y las calles estrechas repletas de letreros mal diseñados, tipografías feas sobre colores neón, el olor a guiso de carne escapándose por las ventanas y los bocadillos de embutido. Y Martina vivía en un piso de Usera con su madre y sobre su ventana ondeaba un toldo verde.

Ahora se ha vuelto muy popular en las redes con esto del trap y las modas. Es el tipo de chica que se lleva. Cada día prueba un filtro nuevo; sus favoritos son los que te aumentan el tamaño de los ojos y los labios y te empequeñecen la nariz, además de los falsos tatuajes faciales. Mientras sorbía té he saltado entre los perfiles de sus amigos hasta que he llegado hasta una tal @lydiiiaespinosa, con dos mil seguidores y ningún parámetro de privacidad. En uno de sus vídeos maquillándose frente al espejo, se cuela de fondo la imagen de una amiga pintándose las uñas. Una chica desgarbada, con las orejas asomando a través del pelo lamido y un poco de flacidez en la papada. Es Martina. Comparando esa chica con la que presenta su perfil, una diría que ni siquiera son primas lejanas.

Lo han hecho posible

Primera corrección: Ana Castro
Segunda corrección: Antonio Marcelo
Ilustración cubiertas: Beatriz Prados
Maquetación: Lara Losada
Maquetación eBook: Lara Losada

Información adicional

ISBN-13 PAPEL

978-84-122632-2-0

ISBN-13 EBOOK

978-84-126825-1-9

Primera edición

Junio de 2021

Número de páginas

316

5 reviews for Puntos calientes

  1. Andrea (propietario verificado)

    Me ha encantado. Me lo acabé en dos días y estuve atrapada desde la primera página.

  2. Vanessa Fernández Romero (propietario verificado)

    Leer Puntos Calientes ha sido un regalo. Lectura amena y reflexiva, llena de sentimientos y enseñanzas. La leí en pocos días, pues me tuvo enganchada desde la primera hasta la última página. La recomiendo totalmente.

  3. paula.aparicio.cejudo (propietario verificado)

    Aunque he tardado un poco más en leerlo por el fin de semana, es un libro para leerte de un solo golpe, en una tarde larga, en dos como máximo. Candela, Candy, Carmen, te atrapa, te hace sentir Ítaca o quién sabe quién/qué y te embruja para seguir leyendo y seguir y seguir. Ir conociendo el club, a Amy, a Ítaca, a Ventura, a la familia… Quizá odies a Candela, yo a veces lo hacía, quizá la ames, también lo he hecho. Pero este libro es para leerlo y vivirlo, subrayarlo hasta la saciedad, hasta rayar una hoja y la de detrás. Librazo.

  4. Kathia Seco (propietario verificado)

    He disfrutado mucho con su lectura. Una perspectiva joven y actual que aun siendo muy específica en sus vivencias te hace sentir identificada con muchas sensaciones y reflexiones, además narrada de una forma muy fluida. Desde luego y para mí un acierto.

  5. Beatriz S. (propietario verificado)

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