Carrito

Quizá la imagen que el cine se ha encargado de vendernos de una editora es algo demasiado idealizado. Esperas que quien se dedica a hacer libros viva un estilo de vida bohemio e intelectual, a ser posible que viva en un ático pequeño pero exquisitamente decorado en París, que vista bien, como si fuera Carrie en Sexo en Nueva York, lea sentada en un sofá más bonito que cómodo, vaya a cafeterías sola y se siente en una mesa redonda a leer mientras llueve al otro lado de la ventana… Y desde luego que cobre bien.

Estaría muy bien, la verdad. Pero la realidad suele ser un poco más decepcionante. Llevo siendo editora en esta casa dos años. Hace poco me uní también al equipo de Ménades Editorial y de lo que os voy a hablar aquí es sólo de mi experiencia. Esta no es LA realidad, es mi realidad y también la de muchas compañeras que conozco, así que tomadlo sólo como un testimonio más.

Esta es probablemente la entrada más personal y poco pensada que he escrito. De hecho la estoy escribiendo tal cual lo pienso, sin un guión y sin una revisión, así que puede no ser la historia mejor contada pero será tan real como el primer pensamiento que tengo y quizá ese sea el valor que pueda ofreceros.

Una cosa que yo pensaba antes de empezar era «buah qué guay es que imagínate que me paguen por leer libros que es algo que me encanta es que sería mi sueño no sé qué blabla». Y sí, es cierto, lees muchos libros pero vamos a ser más sinceras:

  • La mayoría de manuscritos que te llegan no te van a gustar.
  • Si un manuscrito te gusta empiezas a dudar y a pensar «ay, pero ¿será suficiente? ¿Podría ser mejor? ¿Y si encuentro otro que me gusta más después? ¿Y si me arrepiento de publicarlo? ¿Encaja totalmente en la línea que quiero crear?». Y como norma general no te lo lees una vez y lo tienes clarísimo, al menos yo me leo cada libro 3 veces antes de dar un SÍ. Tres veces. Que dirás «bueno, es tu trabajo, no es tanto». Espera.
  • Te lo lees 3 veces antes de decir que sí. Te lo lees 1 vez más para detectar debilidades o cambios/mejoras que quieras trabajar junto a la autora (si es necesario). Después se lo lee la correctora 1 vez y otra vez más minuciosamente mientras hace la corrección. Entonces vuelve a mí y me lo leo otra vez para comprobar que todos los cambios están bien. Y, por último, una vez más después de maquetarlo y antes de enviarlo a imprenta. Es decir, yo me leo cada manuscrito unas 6 veces que, en la práctica y con todas las revisiones serían más bien unas 10. Y créeme, por mucho que te guste leer y por mucho que te guste un libro, es fácil que esto te vuelva loca. La parte buena es que luego hay libros que puedo recitar de memoria. «La flor muerta del algodón» de Nerea Rojas es uno de ellos. No es una forma de hablar eh, literalmente os lo podría recitar entero ahora mismo.

La parte más tediosa para mí no es leer, por suerte leo rápido y disfruto haciéndolo (al menos las primeras veces, jaja), lo peor es la maquetación. Me desespera maquetar un libro, quizá porque no soy una persona con mucha paciencia o quizá porque es de por sí una tarea bastante aburrida que hace que me duelan los ojos de tanto mirar la pantalla.

Durante todo este proceso también tienes que hacer algunas tareas aburridas como:

  • Comprar el ISBN (o los dos ISBN si también se publica en formato digital).
  • Dar de alta el libro en DILVE.
  • Solicitar el número de Depósito Legal.
  • Enviar ejemplares al Depósito Legal.

Editar libros podría parecer que es leer cosas guays continuamente pero la realidad es que mi día a día es así:

  • Visitar la web a ver qué pedidos tengo. Llorar porque tengo pocos y no me salen las cuentas.
  • Preparar cada pedido. Esto implica coger el sobre, poner el sello de la editorial, escribir a mano el nombre y la dirección de cada persona, meter el libro, poner una pegatina de agradecimiento, registrarte en la página web de Correos, meter uno a uno cada código postal, imprimir una a una cada etiqueta que te genera un código de barras y pegarla en el sobre.
  • Responder correos. La mayoría de veces toda la información que me preguntan está en la web que la gente no se lee lo cual me pone: triste. Aparte de eso también respondo a los correos que me envían propuestas que 1. No encajan con la línea editorial (me envían novela histórica, negra, juvenil…) o 2. Para pedir que cumplan las bases para poder tener en cuenta la propuesta (muchas veces puede ser despiste y no leer las condiciones pero otras muchas, y eso se nota os lo aseguro, es porque han enviado ese email de forma masiva a 30 editoriales, a veces ni siquiera con copia oculta… Ups).
  • Ir a Correos. Quienes me seguís ya conocéis todos mis dramas con Correos así que qué os voy a contar.

Pero eso no es todo porque para vender libros tienes que hacer más cosas que nada tienen que ver con los libros:

  • Obviamente el paso 1 es estar dada de alta como autónoma.
  • Pagar la cuota de autónoma cada mes. Muchos meses lo que gano con los libros solo me cubre el gasto de la cuota así que os podéis hacer una idea de lo rentable que es.
  • Hacer declaración trimestral, como cualquier autónoma.
  • Pagar impuestos. De esto no me voy a quejar porque me parece super bien y ojalá todo el mundo pagara lo que le corresponde y todas esas cosas en las que no nos vamos a meter aquí porque eso ya es otro tema.
  • Pagar facturas. Para que os hagáis una idea algunos gastos que tengo son: licencias de programas, hosting de la web, dominio de la web, comisiones de las plataformas de pago (tarjeta o Paypal se quedan una comisión de cada venta), sello, sobres (muchos sobres), pegatinas, impresora de etiquetas, papel de impresora, facturas de ilustradoras, facturas de diseñadoras, facturas de fotografías/collages, gastos de impresión, gastos de gestoría, pagos anuales a las autoras por las ventas de sus libros… Bueno, esas cositas que no te pueden faltar a la que se suman cosas básicas que tienes que tener como un ordenador, internet, espacio de trabajo y muchas estanterías y cajas (muchas, en serio).
  • Hacer facturas. De esta parte solo diré que me aterroriza constantemente estar haciendo algo mal. Con cada pedido se envía automáticamente una factura. También emito facturas a las librerías y a la distribuidora de forma mensual. Quizá es porque se me da fatal todo esto y no entiendo nada de contabilidad pero me da mucha ansiedad todo este tema.
  • Mantener actualizada la web asegurándote de que todo funciona (productos, páginas de pago, proceso de compra…) y de tener bien hecha las políticas de privacidad, cookies, política de ventas y devolución…
  • Gestionar redes sociales. Oh, ojalá decir que no es necesario pero ya sabemos todas a estas alturas que si no estás en internet no existes así que sí: publicaciones en Instagram, Facebook, LinkedIn y Twitter. Crear contenido acorde al diseño y estética, compartir info de los libros, reseñas, fotografías, hacer repost… También ser cercana con la comunidad, ser activa en redes, crear vínculos… Es divertido hasta que es una obligación más, he de decir. Y aunque es una parte que me gusta y disfruto mucho no deja de ser un trabajo extra que requiere mucho tiempo y dedicación. Quizá esta es la parte que más se ve y que más recompensas te da porque el feedback puede ser inmediato. La verdad es que me da muchas alegrías.
  • Leer manuscritos. No es sólo leerlos, también es enviar ese correo de rechazo cuando no es seleccionado y eso no es plato de buen gusto para mí tampoco porque entiendo que es una decepción que va a llegar. Pero vosotras me enseñasteis que es necesario hacerlo, por respeto y para que la autora pueda seguir adelante con su manuscrito tomando las decisiones que considere, así que aunque duela un poco es mejor así. Para que os hagáis una idea del volumen de trabajo me llegan unos 100 manuscritos al mes. Leo unos 3-5 cada vez que me pongo a ello.
  • Responder muchos correos. Ya sé que ya lo he dicho pero es que es lo que más hago, de verdad, no tenía ni idea de que hacerse editora implicaba no ver nunca la bandeja de entrada vacía, jaja.

Y seguro que hay muchas cosas más que se me están olvidando ahora mismo, me lo tendréis que perdonar. Pero en fin, quería contaros un poco el día a día y cómo es realmente dedicarse a hacer libros.

Espero que os haya resuelto algunas dudas y os haya acercado un poco a mi trabajo diario en ediciones en el mar. En cualquier caso ya sabéis que siempre me podéis hacer cualquier pregunta por comentarios, redes sociales… No pretendo tener ningún secreto ni hacer de este oficio algo misterioso, al contrario, quiero contaros todo y compartir con vosotras mi experiencia.

Abrazo fuerte, amigas.

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