Laura Sanz entrevista a Carla Santángelo
Hace unos meses nuestra querida Carla Santángelo entrevistó a Laura Sanz por su poemario ganador del I Premio en el mar, Matar la geografía de los cuerpos de piedra.
Hoy la conversación surge al revés. Laura entrevista a Carla por su poemario pedres i vent, ganador del II Premio en el mar.
Estos dos poemarios y estas dos autoras son un círculo, sus escrituras conversan y sus poemarios, en parte, también. ¡Ojalá poder colarme en todas sus conversaciones!
Primero el rumor / después la escritura
Me gustaría empezar por el tema de la genealogía, tan presente en tu escritura siempre. Pero quiero ir más allá de pedres i vent: me gustaría saber acerca de cómo sueles presentar tu nombre, Carla Santángelo Lázaro, dos apellidos. ¿Qué puedes decirme de esto? ¿Se plasma la obsesión literaria –la genealogía y la memoria– en tu propia presentación como autora?
El ejercicio genealógico es una de mis grandes obsesiones desde niña. ¿Quiénes estuvieron antes? Siempre hice preguntas: a mi abuela, a mi madre, a quien pudiera darme alguna pista. Con respecto al nombre, Lázaro era el apellido de mi abuelo, y en él se inscribe parte de la historia que quería recuperar. Acercarme a él, saber cómo fue, qué le daba miedo.
Los epígrafes que abren el libro, tres citas de tres autoras, señalan palabras como «isla», «afuera», «casa». Parece una elección muy premeditada, ¿que genealogía de voces literarias dirías que conviven en este libro?
Fueron citas que me encontré por el camino, a través de la lectura de esos libros, o a través de su relectura, como el caso de Kamenszain. Me acompañan libros vinculados a esas obsesiones que están conmigo: isla, afuera, casa, es una espiral que también podría ser infancia, viaje, memoria; o familia, exilio, regreso. Las poetas argentinas me resultan particularmente cercanas.
Hay algo en el libro de constante evocación: probar todo tipo de ritos, orales o no orales, para romper la ausencia (del abuelo, de la casa, del idioma).
Sí, para mí el poema es parte de un rito —y un ritual—. Me encantan esos poemas que, al leerlos, es como haber dicho un conjuro. Una aparece en otra dimensión, de repente, y siente paz. Supongo que eso intentaba: que la casa pudiera volver. Que mi abuelo pudiera escucharme. El poema es cuántico.
«La única y auténtica memoria es material» dice Annie Ernaux. ¿La escritura es la materialidad en la memoria?
Adoro esa cita de Ernaux, siempre la llevo conmigo. Escritura y memoria son una misma cosa, dijo (o escribió, ya no me acuerdo) Tununa Mercado. Escribo porque no tengo memoria, para tenerla, para inventarla, supongo, reconstruirla o restaurarla. Entre lo que recuerdo y lo que no recuerdo, ahí empieza a aparecer el poema.
También podemos encontrar señales sobre la Guerra Civil, cementerios y nombres, desaparecidos, secretos. ¿Qué nos puedes contar sobre este tipo de memoria histórica y su disposición en el libro?
Es una de las cosas que más me preocupan: la necesidad de hacer memoria colectiva, sin embargo, en este libro, fue accidental. Investigando sobre mi abuelo y su familia, haciendo preguntas, descubrí que mi bisabuelo había luchado en la batalla del Ebro del bando republicano. ¿Cómo podía ser que no supiéramos eso? ¿Por qué nadie de la familia transmitió esa historia oral? El miedo y la censura matan la memoria y creo que la escritura puede ser un canal para reencontrarnos con nuestros antepasados. Cuando escucho a figuras públicas decir que hay que enterrar el pasado y seguir adelante, siento un escalofrío. El pasado puede enterrarse siempre y cuando tenga un lugar digno para reposar. Una fosa común es el espacio de la desmemoria.
Hablábamos antes de la materialidad y la memoria. Existe también algo matérico en cómo tratas al propio lenguaje en el libro. Casi con hambre. Incluso hay una invención, de una lengua propia, «idioma / inventado» «dialecto de sal», «te hablo en sueños (…) en la lengua de tus padres (…) que no fue la nuestra» para la invocación, la memoria y la comunicación. También una especie de deseo de encarnarse, que parte de la voz poética del libro, en canal de comunicación de alguien que siempre estuvo en silencio, o de un territorio que siempre mantuvo los secretos. «De qué está hecho el hombre del que no puedo hablar». «díctame las palabras». «no es su nombre lo que busco». ¿Se trata de un silencio aprendido o un pacto de silencio para comunicarse mejor? ¿Es un cambio generacional?
Me siento muy identificada cuando dices «hambre» en relación al lenguaje. El lenguaje tiene una pulsión caníbal, sobre todo en la poesía. Para mí, que soy bilingüe desde niña (padre argentino y madre menorquina), la lengua es un territorio inestable.
Querer comer con la palabra es querer guardarla dentro, hacerla cuerpo, que no se vaya, sabiendo que no es posible. Deglutir, fagocitar. El menorquín, mi dialecto, siempre me ha transmitido esa relación tan íntima con el alimento. Algo que da tanta ternura que quieres morderlo.
Con mi abuelo hablé menorquín, pero él era catalán de origen aragonés (los llamados «xarnegos») y su lengua materna era el castellano. Esto lo pensé de adulta: ¿Cómo era su acento? ¿Cómo se vinculaba con el dialecto? Era muy callado, casi no lo recuerdo hablando. De ahí el silencio, que por supuesto también es generacional, como decía antes, pero que en su caso es personal.
¿Qué significa la casa para ti? ¿Y a nivel poético?
La gran pérdida. Algo que voy a estar persiguiendo siempre.
Incluso pedres i vent es un nombre. ¿Por qué cerrar así, con un nombre esculpido en piedra, materia pura, que fue derruido?
Era el nombre de la casa de mis abuelos. Cuando se vendió pensé que eso quedaba de ella: un nombre propio inscrito en mi interior.
¿En qué proyectos estás trabajando ahora mismo?
Hace años que escribo un texto exploratorio sobre la enfermedad crónica. Me está costando articularlo porque no escribo «sobre» la enfermedad, sino «desde» la enfermedad. Cuando una está enferma, pasa un periodo enferma y luego se recupera, puede intelectualizar con cierta facilidad lo que le ocurrió. Cuando una vive enferma, el proceso es otro.
También estoy trabajando en una antología sobre escritoras caminantes. Me ilusiona conversar con la montaña. ¡Ya tiene editorial!


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